Mosquitos

La luz se filtró por entre la reja y posándose sobre su brazo izquierdo la hizo dar un respingo.
-¡Jesús! -chilló -Creí que el Diablo se cobraba la apuesta de ayer...


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¿Estarás aquí cuando el sol te pierda el rastro? ¿o estarás allá mojando sus sabanas y haciéndola sonreír? Procurando que de su boca se escape la orquesta perfecta de cantos lujuriosos e intentando que tu cumbre y la de ella lleguen al mismo tiempo, fundiéndose en uno... aún sabiendo que es imposible, porque Huxley así lo dice...

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Me gusta esto, que estés pero no al mismo tiempo...
Me gusta esta sensación de desconexión, de tenerte al lado y saber que no estas ahí para mi, es extraño y complejo el porque no lloro tu recuerdo... aunque ahora bien que lo sé.

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Lo malo de escribir mentalmente es que olvidas, porque al no escribirlo con sangre, lo haces en una ventana empañada (¿de los desesperados deseos de escribir y retenerlo?) donde al más mínimo cambio externo o interno (del autor) la obra maestra se deshace por completo...

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Tú, el extraño chispazo que enciende mis deseos... tu rostro, bañado por la luz del atardecer, tu frente coronada por el ébano, esas ojeras marcadas, tus párpados que cubren las ventanas de tu alma... y el cansancio al respirar... tu postura un poco alerta, las mangas recogidas en los codos...
Eres absolutamente deseable, pero hay un frío vidrio que nos separa... Te sobresaltas y encuentras mi mirada al otro lado del espejo, me regalas tu mejor sonrisa... ya te vas...

lunes, 29 de marzo de 2010

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